miércoles, 19 de agosto de 2015

1. Del Campo a la Ciudad.

Campo, eterna alegoría de la primavera,
donde se guardan hojas de sonrisas
que nunca se marchitarán.

Inocencia de los sueños.
Canto constante de pájaros,
volando sobre un mundo de fantasías.

Amor tierno del alrededor.
Jugar hasta cansarnos delante
de un aire natural y puro.

La mano para siempre tendida
de un verdadero amigo de aventuras.
Las primeras rosas del corazón.
Sentir que existes aún desconociendo
la definición de “existir”.

Las peleas y, a la vez, protección
de tus hermanos.
El sol reflejado en el riachuelo
donde pasabas las alegres tardes
intentado coger sapos.

Campo, sabes a noches de dulces cuentos,
a las locuras del disfrutar y a verdad con gracia,
eres el significado de vivir en una canción.

Ciudad, eterno invierno,
desilusiones que se escapan
entre los altos bloques de pisos,
que ocultan el azul del cielo.

Canto nocturno de las soledades.
Agonías por el humo
de un mundo en llamas.

Currículum reciclados en las basuras.
Llanto amargo por el adiós
de la mano tierna de una madre.

El buscar un espacio propio
en un lugar incómodo.
Las Puñaladas traseras
de falsas promesas de amistad eterna.

El ritmo vertiginoso con el que se oye,
el tic-tac del reloj.
La sensación de vacío,
producto de un oscuro (des)amor.

Ciudad, sabes a mañanas monótonas
con sabor al mismo café de siempre,
eres el significado de “vivir” la rutina.

Ay, tren de adolescencia,
saliste de la infancia,
para parar en la estación de la madurez;
estación que un día después de mi llegada,
cerraron para siempre.
Ya no habrá tren de regreso.
Del campo solo nos quedará,
recuerdos amontonados
al contemplar los jardines de la ciudad.